para que sirve un padre

¿Para qué sirve un padre?

“¿Para que sirve un padre?” Le pregunté a mi hijo de 10 años. “Para que te quiera.” “¿Para que sirve que te quieran?” Le volví a preguntar. “Para sentirte bien”. 

 

 

Así, mientras paseábamos y como si no estuviese muy concentrado en la conversación Yago resumió y aunó la teoría del super ego de Froid, la del apego de Bowlby, el enfoque interpersonal de Sullivan y el concepto de trauma (con t pequeña) que tan en boga está en la psicología de hoy en día.¡ Un fenómeno! Me explico. 

 

Es posible que nuestra misión en la vida sea amar. Por lo menos a mi me parece una misión interesante y que en caso de ser equivocada, es decir, que el ser humano estuviese en el planeta con otro cometido, sería un agradable error, un error soportable y con bellas consecuencias. Si abrazamos este punto de partida, tendremos que saber amar y para ello es forzoso amar-se, pues en realidad a amar solo se aprende amando.

La mayoría de mis pacientes no se sienten dignos de ser queridos al llegar a mi consulta. De ahí me atrevo a extrapolar que la mayoría de los adictos no se sienten dignos de ser amados al llegar a sus consultas. Un juicio precipitado podría justificar esa creencia aludiendo a la conducta del adicto en activo, es tan destructiva que auto castigarse con el veto a ser amado podría tener sentido, pero el transcurso de la terapia siempre revela que el veto a ser amado es pretérito al consumo. En la niñez no había consciencia de ser queridos por sus padres.

Antes de que todos los padres se levanten en defensa de su buen hacer, e intenten desmentir mi tesis, quiero aclarar que el amor es una emoción bidireccional, que precisa de una buena fuente de amor y un buen aparato receptor. El problema no está siempre en la fuente, a veces el aparato receptor no percibe bien las señales de amor, siendo extra sensible a las de desamor.

Todo este lío, el desglose de la margarita, me quieren, no me quieren, no transcurre en forma de sentencia única seguida por el cumplimiento de la condena, sino que surge en la forma de un pensamiento continúo, una narrativa que comenta nuestra vida y nuestra posición en ella. 

Este pensamiento evoluciona desde la abstracción del mundo sin lenguaje del bebe, a un dialogo formal. ¿Quien habla dentro de nuestra cabeza? Este es el momento donde pensáis que he enloquecido, pero ¿no sentís vuestro o pensar en forma de dialogo? Yo si, mis pacientes también. Pensamos en forma de dialogo. 

Hay un denominador común en el dialogo del paciente adicto:

El primer personaje es autoritario, inflexible y pesimista. 

El segundo es vulnerable, sometido y sin criterio. 

La terapia consiste en traer al primer personaje a consulta, poder repetir sus palabras textuales, sus amenazas, sus predicciones. 

Muchas veces el paciente solo es consciente del poso emocional que esos pensamientos dejan, siente el dolor y el impulso a evitarlo, pero no sabe que lo provoca, pues aunque su cuerpo reacciona a pensamientos como: “no eres digno de que te quieran” o “para que te acepten no puedes cometer ningún error”. Nunca lo ha verbalizado de una forma tan expresa. 

Una vez que hemos conseguido confrontarlo, fortalecemos y dotamos de criterio y recursos al segundo personaje. Al principio este va de la mano del grupo y el terapeuta, pero poco a poco va cobrando independencia, hasta que al final del programa el dialogo es entre dos iguales. Un dialogo en el que un personaje describe una situación y otro propone una estrategia. Así van de la mano, en equipo, identificando y solucionando. 

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