vergüenza alcohólica

La vergüenza alcohólica

El otro día, salía de la consulta como todas las noches después de la terapia de grupo, dispuesto a coger mi moto, con la que me muevo entre el trafico de Madrid.

 

Muchas veces salgo “enganchado” en el pensamiento con algo que ha pasado en la terapia, y fruto de esa distracción, me puse el casco ya en el ascensor (he de decir que siempre he sido un poco despistado) y atravesé el edificio con el casco puesto, cuando me percaté de que alguna persona me miraba raro, me di cuenta lo que estaba pasando y pasé bastante vergüenza, pero no me quité el casco, total, ya iba de camino a la moto. En el momento en el que me acerqué, la sensación de vergüenza desapareció, ya no era un tío raro en el vestíbulo de un edificio de oficinas, ahora era un motero justo antes de montar.

 

Y entonces la siguiente reflexión se me vino a la cabeza: Qué importante es el contexto en la emoción de la vergüenza.

 

Si traslado eso a nuestros pacientes, los cuales sienten una gran vergüenza alcohólica, que tenemos que trabajar durante tanto tiempo en terapia, y que muchas veces los acerca al consumo, me pregunto si el problema no es de ellos si no del contexto.

 

Cada tarde, sentados en su silla, durante esa hora y media que duran las terapias de grupo, no sienten vergüenza, en ese circulo de iguales ser alcohólico no está fuera de contexto, no tienen miedo de que nadie les juzgue.

 

Cuando salen de terapia las circunstancias cambian, se encuentran en una sociedad donde beber es lo mas normal, de hecho, en ocasiones se mira con recelo al que no consume alcohol. Desgraciadamente veo muy a menudo como la gente piensa que el que tiene un problema por el alcohol es por que quiere, por vicio, que no beber es muy fácil, ellos lo hacen.

 

Y ahí es donde el alcohólico pierde su sitio, no encaja en una sociedad donde su manera de beber le convierte en un vicioso, y no puede dejar de beber. Vergüenza.

 

La adicción es una enfermedad, y no debería haber vergüenza en la enfermedad.

 

Cómo me gustaría poder influir en el contexto de todos mis pacientes, convencer a la sociedad de que el alcoholismo es una enfermedad y que el alcohólico no puede parar de beber sin ayuda.

 

Pero no puedo, por eso invierto tanto tiempo en convencerles a ellos de que están enfermos, y nada más. Pueden hacer recuperación, pueden salir al mundo con la cabeza bien alta, no hay vergüenza en el que lucha por llevar una vida mejor, ahi solo hay orgullo. 

 

Y poco a poco, cuando cada vez mas alcohólicos miremos al resto del mundo de igual a igual, cuando todos podamos decir con libertad que tenemos una enfermedad y que la hemos superado, entonces, los futuros alcohólicos que se sienten en una terapia de grupo sentirán menos vergüenza y mas esperanza de poder cambiar su vida.

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